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Explosión de radios en Uruguay: una experiencia que se repite

Una década después de la explosión en la Argentina de las radios de FM de baja potencia (clandestinas, comunitarias, truchas y todos los etcéteras que la profusa adjetivación de los argentinos asignó a esas emisoras), la vecina República Oriental del Uruguay comienza a vivir un proceso similar. Las simetrías entre el proceso vivido en Argentina y el incipiente en la otra orilla del Río de la Plata son tantas, que realizar un pronóstico profético sobre lo que ocurrirá allá no parece tarea de pitonisos. Mas bien se trata de una simple deducción y un repaso a la memoria de la experiencia propia. La legislación uruguaya sobre radiodifusión es, en varios aspectos, tan obsoleta y desactualizada como la argentina. Un complejo entramado de intereses comerciales y atrasos tecnológicos (excepción hecha, claro está, de las emisoras líderes) sitúa también allí a la radiofonía alternativa en las mismas condiciones de impulsar una renovación absoluta, tal como las FM lo hicieron hace diez y más años la Argentina. Pero Uruguay enfrenta los mismos riesgos que la Argentina: un aire que inevitablemente va a ensuciarse por la proliferación de usos anárquicos de frecuencias, decomisos de equipos por parte de las autoridades, un vacío legal que dará pie para que en su nombre se puedan cometer atropellos que atenten -incluso- contra la libertad de prensa y, sobre todo, el peligro de una mala utilización de un espacio de difusión nuevo. El primer objetivo que parecen tener los nuevos radiodifusores uruguayos es evitar los allanamientos. El segundo, regularizar su situación. Con esa premisa, en la vecina orilla se está organizando un encuentro de radios comunitarias, en pleno desarrollo cuando esta edición de R&TA estaba cerrando su número de marzo. Pablo González, uno de los organizadores del evento, definió: “La idea es encontrarnos con la mayor cantidad de gente, y tener una opinión más generalizada de los aspectos legales y de operatividad de nuestras radios”. Para eso, “expertos” (por conocimientos y sufrimientos) de la Argentina viajaron hacia allá. Si las previsiones son ciertas, las FM tendrán un clímax en menos de dos años, competirán de igual a igual con las grandes radios, les quitarán audiencia y tal vez también trozos de la torta publicitaria, desacartonarán lenguajes y formatos de programa, incluirán música comercial y no comercial, y sobre todo, asustarán al “establishment radiofónico”. Si la legislación se los permite, serán “legales” y enriquecerán el éter. Y luego, inevitablemente, recorrerán la curva descendente hasta llegar a una meseta, mas bien baja, en la que sólo un puñado conservará real poder y convocatoria. Eso, exactamente, fue lo que ocurrió en Argentina. Sólo el elevado nivel cultural de los uruguayos -reconocido internacionalmente, por otra parte- podrá evitar los vicios en que cayeron las radios argentinas, que nacieron como una alternativa de servicios e informaciones marginadas de los canales habituales, y terminaron convirtiéndose en kioscos de mayor o menor envergadura apuntados a fines mucho más pragmáticos y alejados de la bohemia que declamaron en su génesis. Si no lo evitan, en poco tiempo, cuando el furor por “lo nuevo” pase, el dial se llenará de más de lo mismo y el fenómeno tendrá un efecto típicamente gatopardista: todo habrá cambiado para que nada (o muy poco, como en Argentina) realmente haya cambiado.